CRISIS ECONOMICA DE 1929
Tras el clima de prosperidad que predominaba en Estados Unidos se escondían graves falencias del sistema capitalista. En octubre de 1929 se desató el colapso de la economía norteamericana, y con ello, una fuerte crisis económica en la mayoría de las naciones del mundo.
Antecedentes:
Las causas de la Gran Depresión fueron diversas; al conjugarse todas provocaron la más fuerte crisis sufrida por el capitalismo. La producciónnorteamericana de materias primas, especialmente la agricultura, y de manufacturas se encontraba en permanente alza. Sin embargo, el consumo de la población no era suficiente para responder a esa gran oferta. Se estaba produciendo y, por tanto, poniendo en venta más de lo que las personas podían consumir o comprar. Ante esto, los empresarios e industriales debieron rebajar los precios de los productos, lo cual provocó, a su vez, una disminución de sus ganancias. Mientras acontecía esto, el mercado de valores de la Bolsa de NuevaYork continuaba su, aparentemente, exitosa actividad y la vida de los norteamericanos se mantenía optimista. Sin embargo, parte importante de este éxito de la Bolsa se fundamentó en la especulación financiera. Esto es invertir una determinada suma de dinero con el fin de beneficiarse por medio de las fluctuaciones de los precios en el corto o mediano plazo. Por ello, desde grandes empresarios hasta los obreros norteamericanos dedicaron parte importante de su tiempo a invertir en la bolsa de comercio. Estos últimos pudieron hacerlo gracias a los créditos entregados a destajo por los bancos, lo cual no hizo más que fomentar la especulación. Lo que no sospechaban los especuladores era que la economía no se encontraba todo lo bien que ellos creían, lo cual significaba que cada inversión realizada, en vez de ganancias, podía traer pérdidas insospechadas.
El estallido de la crisis:
El abuso de la especulación terminó por hacer crisis en el sistema económico norteamericano. Cuando los más instruidos en los mecanismos de la bolsa comenzaron a percibir el desajuste que existía entre el frenético funcionamiento de esta y la alicaída realidad de ciertos sectores de la economía, optaron por vender sus acciones. De esta manera, pretendían adelantarse al declive de los precios. Este aumento de ventas fue percibido por el resto del mercado, lo cual provocó que cada vez más inversionistas decidieran vender sus propias acciones. Nadie quería comprar y todos anhelaban vender, razón por la cual, el 24 de octubre de 1929, los precios de las acciones bajaron en forma considerable por la excesiva oferta. Ese día ha sido recordado como el Jueves
Negro y los que le siguieron fueron tan graves como aquel. Las inversiones de millones de personas terminaron en pérdidas irreparables. El sistema bancario quebró, acabando con los ahorros de ricos y pobres. La quiebra de cinco mil bancos puso fin a la entrega de créditos o préstamos, lo cual provocó, a su vez, la bancarrota de miles de empresas. Entre 1929 y 1931, la producción industrial de Estados Unidos se redujo en un tercio. El desempleo se generalizó, alcanzando a un 27% de la población, es decir, 15 millones de personas aproximadamente. La crisis se prolongó varios años y se extendió al resto del mundo durante la década de 1930, provocando profundos cambios en el sistema económico internacional.
Expansión Internacional de La crisis :
Al ser Estados Unidos la economía más poderosa de la época, la crisis de su bolsa, en 1929, rápidamente se transformó en una crisis planetaria. Al concluir la Primera Guerra Mundial, en 1918, las naciones europeas necesitaron de mucha ayuda para recomponer sus espacios físicos y sus economías. Esta ayuda provino precisamente de Estados Unidos. Sus préstamos a otros países, especialmente europeos, permitieron la lenta recuperación de los mercados del viejo continente, pero también pusieron en riesgo la economía mundial. Naciones tan fuertes como Alemania terminaron dependiendo económicamente de Estados Unidos, lo cual implicó que hasta el más mínimo movimiento en la economía norteamericana tuviera repercusiones en toda Europa y en el resto del mundo. Una vez desatada la crisis, Estados Unidos dejó de prestar dinero a otros países. Esto repercutió fuertemente en Europa y particularmente en Alemania, nación que basó su recuperación económica en la ayuda que los norteamericanos y, en menor medida, en la que otros Estados pudieran prestarle. Al igual que en Estados Unidos, un tercio de la producción industrial alemana se fue al suelo y un 44% de la población laboralmente activa se encontró desempleada. Por otra parte, debido a la crisis, los norteamericanos dejaron de comprar bienes o materias primas producidas en otros lugares, razón por la cual, países que basaban sus economías en la exportación de productos, como Chile, dejaron de hacerlo. Empresas e industrias exportadoras esparcidas por todo el mundo debieron cerrar, aumentando el número de desempleados. Finalmente, se estima que entre 1929 y 1932 el comercio mundial se redujo una tercera parte.
Consecuencias de la crisis:
El colapso del sistema económico capitalista trajo como consecuencia la miseria y el hambre en todo el mundo; en Estados Unidos, especialmente, muchas personas perdieron sus hogares, se entregaron al vagabundeo y apenas lograron subsistir afectados por la desnutrición. Parte importante de los norteamericanos se vieron obligados a emigrar a otras localidades del país en busca de oportunidades laborales y, con ello, una mejor vida. En los países industrializados, el número de cesantes sumó un total de 30 millones aproximadamente. Mientras la miseria cundía entre los obreros y campesinos, en la clase media cundió el miedo a perder sus ahorros y nivel de vida y, por tanto, bajar en la escala social. Al debilitarse esta clase, se abrió un abismo cada vez mayor entre ricos y pobres. El aumento del resentimiento social produjo, finalmente, la polarización de las posturas políticas, especialmente en Europa.
Transformación de los modelos económicos:
La magnitud de la crisis de 1929 produjo el cuestionamiento en todo el mundo del modelo económico que se había implementado a partir de la industrialización del siglo XIX. El capitalismo liberal del siglo XIX, aquel sistema que había traído tanto éxito a las naciones industrializadas, debió ser reformado con el fin de evitar nuevas catástrofes.
El New Deal:
En 1933, asumió la presidencia de Estados Unidos el político del Partido Demócrata Franklin D. Roosevelt. En un contexto económico de profunda complejidad, Roosevelt tomó decisiones renovadoras del sistema imperante en el país. Su principal arma radicó en hacer participar al Estado en la generación de trabajo e inversión. Su programa, conocido como New Deal o Nuevo Trato, pretendía ayudar a quienes habían resultado más afectados por la crisis económica e impedir que aquello volviera a suceder. Con este fin estimuló la producción y la demanda, activó planes de empleo, fomentó las obras públicas y promovió leyes que permitieran proteger a la población más vulnerable. Todo esto, a través del Estado, actor que, hasta antes de la crisis, no ejercía mayor influencia sobre la sociedad.
El New Deal también fijó un máximo de horas en la jornada laboral y un salario mínimo para los trabajadores industriales. De suma importancia fue el establecimiento de la garantía estatal a los depósitos. Con esto, todos los ahorros colocados en bancos quedaban asegurados por el Estado. Así, en la eventualidad de una nueva crisis, la gente no volvería a perder todo su dinero ahorrado.
Del mismo modo, se creó un sistema de previsión social, es decir, de protección a los más débiles. Mediante este, se crearon pensiones de vejez e invalidez, así como programas de asistencia a madres en situación de pobreza y a sus hijos pequeños. Finalmente, los sindicatos pudieron contar con gran libertad de organización y fortalecieron sus posibilidades de mejorar su situación
al interior de las empresas. El New Deal, si bien no logró recuperar los niveles de producción previos a 1929 ni erradicar la cesantía, sí permitió mitigar los efectos más graves de la miseria. Más allá de los resultados, todo este conjunto de medidas sentaron las bases de lo que se ha denominado Estado de bienestar. Esto es, un Estado que, por medio del cobro de impuestos, pone a disposición de su población recursos de apoyo, subvencionando directamente los gastos de salud, educación y jubilación de la población. El Estado de bienestar llegó a imperar en algunos países desarrollados, especialmente durante la segunda mitad del siglo XX, mostrando otra cara del capitalismo.
Tras el clima de prosperidad que predominaba en Estados Unidos se escondían graves falencias del sistema capitalista. En octubre de 1929 se desató el colapso de la economía norteamericana, y con ello, una fuerte crisis económica en la mayoría de las naciones del mundo.
Antecedentes:
Las causas de la Gran Depresión fueron diversas; al conjugarse todas provocaron la más fuerte crisis sufrida por el capitalismo. La producciónnorteamericana de materias primas, especialmente la agricultura, y de manufacturas se encontraba en permanente alza. Sin embargo, el consumo de la población no era suficiente para responder a esa gran oferta. Se estaba produciendo y, por tanto, poniendo en venta más de lo que las personas podían consumir o comprar. Ante esto, los empresarios e industriales debieron rebajar los precios de los productos, lo cual provocó, a su vez, una disminución de sus ganancias. Mientras acontecía esto, el mercado de valores de la Bolsa de NuevaYork continuaba su, aparentemente, exitosa actividad y la vida de los norteamericanos se mantenía optimista. Sin embargo, parte importante de este éxito de la Bolsa se fundamentó en la especulación financiera. Esto es invertir una determinada suma de dinero con el fin de beneficiarse por medio de las fluctuaciones de los precios en el corto o mediano plazo. Por ello, desde grandes empresarios hasta los obreros norteamericanos dedicaron parte importante de su tiempo a invertir en la bolsa de comercio. Estos últimos pudieron hacerlo gracias a los créditos entregados a destajo por los bancos, lo cual no hizo más que fomentar la especulación. Lo que no sospechaban los especuladores era que la economía no se encontraba todo lo bien que ellos creían, lo cual significaba que cada inversión realizada, en vez de ganancias, podía traer pérdidas insospechadas.
El estallido de la crisis:
El abuso de la especulación terminó por hacer crisis en el sistema económico norteamericano. Cuando los más instruidos en los mecanismos de la bolsa comenzaron a percibir el desajuste que existía entre el frenético funcionamiento de esta y la alicaída realidad de ciertos sectores de la economía, optaron por vender sus acciones. De esta manera, pretendían adelantarse al declive de los precios. Este aumento de ventas fue percibido por el resto del mercado, lo cual provocó que cada vez más inversionistas decidieran vender sus propias acciones. Nadie quería comprar y todos anhelaban vender, razón por la cual, el 24 de octubre de 1929, los precios de las acciones bajaron en forma considerable por la excesiva oferta. Ese día ha sido recordado como el Jueves
Negro y los que le siguieron fueron tan graves como aquel. Las inversiones de millones de personas terminaron en pérdidas irreparables. El sistema bancario quebró, acabando con los ahorros de ricos y pobres. La quiebra de cinco mil bancos puso fin a la entrega de créditos o préstamos, lo cual provocó, a su vez, la bancarrota de miles de empresas. Entre 1929 y 1931, la producción industrial de Estados Unidos se redujo en un tercio. El desempleo se generalizó, alcanzando a un 27% de la población, es decir, 15 millones de personas aproximadamente. La crisis se prolongó varios años y se extendió al resto del mundo durante la década de 1930, provocando profundos cambios en el sistema económico internacional.
Expansión Internacional de La crisis :
Al ser Estados Unidos la economía más poderosa de la época, la crisis de su bolsa, en 1929, rápidamente se transformó en una crisis planetaria. Al concluir la Primera Guerra Mundial, en 1918, las naciones europeas necesitaron de mucha ayuda para recomponer sus espacios físicos y sus economías. Esta ayuda provino precisamente de Estados Unidos. Sus préstamos a otros países, especialmente europeos, permitieron la lenta recuperación de los mercados del viejo continente, pero también pusieron en riesgo la economía mundial. Naciones tan fuertes como Alemania terminaron dependiendo económicamente de Estados Unidos, lo cual implicó que hasta el más mínimo movimiento en la economía norteamericana tuviera repercusiones en toda Europa y en el resto del mundo. Una vez desatada la crisis, Estados Unidos dejó de prestar dinero a otros países. Esto repercutió fuertemente en Europa y particularmente en Alemania, nación que basó su recuperación económica en la ayuda que los norteamericanos y, en menor medida, en la que otros Estados pudieran prestarle. Al igual que en Estados Unidos, un tercio de la producción industrial alemana se fue al suelo y un 44% de la población laboralmente activa se encontró desempleada. Por otra parte, debido a la crisis, los norteamericanos dejaron de comprar bienes o materias primas producidas en otros lugares, razón por la cual, países que basaban sus economías en la exportación de productos, como Chile, dejaron de hacerlo. Empresas e industrias exportadoras esparcidas por todo el mundo debieron cerrar, aumentando el número de desempleados. Finalmente, se estima que entre 1929 y 1932 el comercio mundial se redujo una tercera parte.
Consecuencias de la crisis:
El colapso del sistema económico capitalista trajo como consecuencia la miseria y el hambre en todo el mundo; en Estados Unidos, especialmente, muchas personas perdieron sus hogares, se entregaron al vagabundeo y apenas lograron subsistir afectados por la desnutrición. Parte importante de los norteamericanos se vieron obligados a emigrar a otras localidades del país en busca de oportunidades laborales y, con ello, una mejor vida. En los países industrializados, el número de cesantes sumó un total de 30 millones aproximadamente. Mientras la miseria cundía entre los obreros y campesinos, en la clase media cundió el miedo a perder sus ahorros y nivel de vida y, por tanto, bajar en la escala social. Al debilitarse esta clase, se abrió un abismo cada vez mayor entre ricos y pobres. El aumento del resentimiento social produjo, finalmente, la polarización de las posturas políticas, especialmente en Europa.
Transformación de los modelos económicos:
La magnitud de la crisis de 1929 produjo el cuestionamiento en todo el mundo del modelo económico que se había implementado a partir de la industrialización del siglo XIX. El capitalismo liberal del siglo XIX, aquel sistema que había traído tanto éxito a las naciones industrializadas, debió ser reformado con el fin de evitar nuevas catástrofes.
El New Deal:
En 1933, asumió la presidencia de Estados Unidos el político del Partido Demócrata Franklin D. Roosevelt. En un contexto económico de profunda complejidad, Roosevelt tomó decisiones renovadoras del sistema imperante en el país. Su principal arma radicó en hacer participar al Estado en la generación de trabajo e inversión. Su programa, conocido como New Deal o Nuevo Trato, pretendía ayudar a quienes habían resultado más afectados por la crisis económica e impedir que aquello volviera a suceder. Con este fin estimuló la producción y la demanda, activó planes de empleo, fomentó las obras públicas y promovió leyes que permitieran proteger a la población más vulnerable. Todo esto, a través del Estado, actor que, hasta antes de la crisis, no ejercía mayor influencia sobre la sociedad.
El New Deal también fijó un máximo de horas en la jornada laboral y un salario mínimo para los trabajadores industriales. De suma importancia fue el establecimiento de la garantía estatal a los depósitos. Con esto, todos los ahorros colocados en bancos quedaban asegurados por el Estado. Así, en la eventualidad de una nueva crisis, la gente no volvería a perder todo su dinero ahorrado.
Del mismo modo, se creó un sistema de previsión social, es decir, de protección a los más débiles. Mediante este, se crearon pensiones de vejez e invalidez, así como programas de asistencia a madres en situación de pobreza y a sus hijos pequeños. Finalmente, los sindicatos pudieron contar con gran libertad de organización y fortalecieron sus posibilidades de mejorar su situación
al interior de las empresas. El New Deal, si bien no logró recuperar los niveles de producción previos a 1929 ni erradicar la cesantía, sí permitió mitigar los efectos más graves de la miseria. Más allá de los resultados, todo este conjunto de medidas sentaron las bases de lo que se ha denominado Estado de bienestar. Esto es, un Estado que, por medio del cobro de impuestos, pone a disposición de su población recursos de apoyo, subvencionando directamente los gastos de salud, educación y jubilación de la población. El Estado de bienestar llegó a imperar en algunos países desarrollados, especialmente durante la segunda mitad del siglo XX, mostrando otra cara del capitalismo.


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